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EL OTOMI

 
El Otomí es el quinto grupo étnico indígena más grande de México, en su mayoría asentados en el área de la Sierra Madre.
 
Tradicionalmente su economía se basaba en la agricultura y por ello muchas de sus creencias y prácticas religiosas se refieren a los espíritus presentes en las semillas, plantas cultivadas o las fuerzas de la naturaleza, como el sol y la lluvia.
 
En la década de 1960, la severa sequía que asoló la economía agrícola de la zona llevó al pueblo Otomí  a dedicarse al comercio de sus propios productos textiles, creando un estilo de bordado y costura menos elaborado que el tradicional. Los tejidos bordados Otomí, más conocidos como «tenangos«, representan sobre un fondo de muselina de algodón blanco generalmente natural, imágenes estilizadas, muy coloridas, que representan escenas de la vida cotidiana, como ritos de siembra y recolección, así como numerosos animales, como liebres, ciervos, armadillos, loros, árboles y motivos florales para significar al hombre en armonía con el medio natural y recordarnos la importancia de la agricultura y los beneficios derivados de la naturaleza.
 
Sobre la ciudad de Tenango, corazón del bordado otomí, se encuentra una gran formación rocosa con muchas cuevas, en la que se encuentran antiguas pinturas rupestres de aves y animales, que cuenta la leyenda local son las que inspiraron las figuras del bordado otomí.
 
La puntada de bordado utilizada para estas hermosas obras maestras se llama «falso satén», ya que la puntada de satén se realiza solo en el frente de la tela y no en la espalda, con un gran ahorro de hilo. Se necesitan más de tres meses de bordado para completar una tela de dos metros cuadrados.
 
Con sus colores brillantes, el diseño gráfico de los diseños y el uso audaz del espacio positivo y negativo, los Tenangos son un ejemplo de una forma de arte maravillosa, que combina tradición e ingenio moderno.
 
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